La Alcaldía trabaja en estrategias de intervención social y cultural, mientras los comerciantes exigen un CAI Móvil 24 horas.
La Plaza Botero, el icónico espacio cultural que alberga las esculturas del Maestro Fernando Botero en nuestra ciudad, desde hace 15 meses, con su reapertura, ha vivido una importante transformación.
Atrás quedaron las vallas que la cercaron por casi un año, un cierre que generó controversia y sobre el cual el propio artista expresó su inconformidad. Hoy, con nuevos gastrobares, cafés y comercios, la Plaza parece renacer con un aire renovado. Para algunos, incluso, se está convirtiendo en una nueva “zona rosa”, un destino turístico y gastronómico en el centro de Medellín. Sin embargo, los desafíos persisten.
La reapertura de la Plaza Botero
Desde la reapertura, el flujo de personas ha aumentado considerablemente, lo que ha traído beneficios para el comercio local. Sin embargo, no todos comparten la misma percepción. Para Ana Milena Corrales, administradora del Hotel Plaza Botero y presidenta del consejo de administración de la Cooperativa Multiactiva que congrega los comerciantes del sector, la seguridad sigue siendo una preocupación latente. “Hemos tenido problemas, hace poco robaron a un huésped y a otro le dieron escopolamina. La situación de seguridad es muy grave, especialmente después de las ocho de la noche. Por eso exigimos nuevamente el CAI Móvil 24 horas”, manifiesta.
Al respecto, según los comerciantes el regreso de la Policía las 24 horas permitiría una reacción inmediata ante cualquier hecho delictivo y serviría como un elemento disuasorio para quienes ven en la plaza un terreno fértil para actividades ilícitas. Los comerciantes del sector consideran que la presencia permanente del CAI Móvil no solo fortalecería la seguridad de turistas y comerciantes, sino que también reafirmaría el compromiso de la ciudad con la recuperación sostenible de la Plaza Botero.
Esto dicen los comerciantes
Los integrantes de la Cooperativa Multiactiva Plaza Botero Medellín, especialmente los que están en centros comerciales aledaños, insisten en que si bien la vigilancia ha mejorado, persisten problemas como el trabajo sexual, la explotación infantil y personas en situación de calle. “La delincuencia está pendiente de cuando hay o no seguridad para hacer de las suyas, por eso es vital una presencia constante de la Policía”, asegura uno de los comerciantes.
En este sentido, el secretario de Seguridad de Medellín, Manuel Villa Mejía, reconoce los retos de la zona y destaca los esfuerzos institucionales por recuperar el espacio público. “Plaza Botero es una prioridad para la Alcaldía. Sabemos que hay dinámicas delictivas y sociales complejas, pero venimos trabajando con comerciantes y con el Museo de Antioquia para mantener una agenda estratégica de apropiación del espacio”, afirma.
Según Villa, la presencia policial se ha reforzado con unidades especializadas y nuevos grupos de control de espacio público, conformados por reservistas y egresados del programa Parceros. “El esfuerzo es conjunto. Trabajamos con vendedores informales, comerciantes y actores del territorio para lograr equilibrio y orden en la plaza”, señala.
Además de la seguridad, el funcionario enfatiza que la solución a largo plazo debe incluir iniciativas culturales, turísticas y económicas que incentiven el uso positivo del espacio. “Estamos articulando esfuerzos con la Gerencia del Centro, las secretarías de Turismo, Cultura y Desarrollo Económico para dinamizar la plaza y generar condiciones de seguridad y tranquilidad”, explica.
La noche en Plaza Botero
Si bien los comerciantes coinciden con la Secretaría de Seguridad en reconocer los esfuerzos como “Cultura al Parque”, donde el espacio público es tomado por el arte y el entretenimiento, algunos comerciantes y visitantes sostienen que la seguridad en Plaza Botero sigue siendo “difícil”. Para Lucho, un vendedor ambulante del sector, la Policía se ve por momentos en grandes cantidades, pero luego desaparece. “Cuando se ven, están por grupos pegados al celular”, critica.
Otros denuncian que, en la madrugada, hay quienes orinan en la puerta de los locales comerciales y exhiben sus partes íntimas sin ningún pudor. “El trabajo sexual ha aumentado y la salubridad es terrible. Nos hemos visto muy afectados”, advierten.
Y es que incluso quienes visitan la Plaza Botero sin conocer a fondo sus dinámicas perciben los contrastes del lugar. Carlos Morales, un visitante frecuente, tiene una opinión mixta. Aunque considera que el entorno puede ser hostil y desordenado, destaca el valor del espacio como un símbolo de democratización del arte. “Aun así, vendría mil veces”, afirma, resaltando su aprecio por la riqueza cultural del sitio.
Si bien Plaza Botero ha resurgido como un punto turístico y comercial clave, el desafío de la seguridad sigue latente. La Alcaldía promete mantener la intervención, pero los comerciantes insisten en que, sin una presencia policial constante, la situación puede deteriorarse rápidamente. La reapertura fue solo el primer paso; el verdadero desafío ahora es consolidar una estrategia que evite que la plaza vuelva a caer en el abandono y la inseguridad del pasado, asegurando que se mantenga como un espacio lleno de vida y representativo en el corazón de la ciudad.